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Duelo

¿Cuándo puedo tener otro?

No hay un plazo decente. Y casi nadie escribe lo que pasa después: adoptaste otro y no lo quieres igual.

11 de junio de 2026·6 min de lectura
Publicado por el equipo editorial de Jurever

En corto

  • Comparar un vínculo de diez años con uno de tres semanas no es comparar. El de diez años tampoco era así al principio.
  • El parecido no determina si estás listo. Pregúntate si puedes cuidar al nuevo animal y conocerlo sin exigirle que sea el anterior.
  • Elegir no volver a tener nunca más es una decisión legítima, no una falla de amor. Y ninguna de estas decisiones se toma una sola vez.

«No tienes que sentir lo mismo por un animal nuevo. Conocerlo lleva tiempo y su bienestar necesita cuidados desde el primer día.»

«¿Cuánto tiempo tengo que esperar para tener otro?» es de las preguntas que más se hacen y de las que menos se dicen en voz alta, porque viene con culpa incorporada. Hay quien siente que meter otro animal a la casa es una traición, y hay quien siente exactamente lo contrario y también se siente mal por eso.

No hay un plazo decente que dar. No existe un número de meses después del cual esté bien y antes del cual esté mal, y quien te lo dé se lo está inventando. Hay gente que necesita años de casa vacía y gente que a las tres semanas no aguanta el silencio, y ninguna de las dos está haciendo el duelo mal.

Además del tiempo, considera qué puedes ofrecerle al animal que llegue: cuidados, recursos, paciencia y espacio para conocerlo como individuo. Que se parezca al anterior no demuestra por sí solo que no estés listo; lo importante es no exigirle que sea quien murió.

Y ahora lo que casi no está escrito en ninguna parte, que es justo lo que le pasa a mucha gente después de dar el paso: adoptó otro, lo tiene en la casa, lo cuida bien, y no lo quiere igual. Lo mira y no siente nada parecido a lo de antes. A veces hasta le molesta: que se suba donde no debe, que no entienda lo que el otro entendía, que no se le parezca en nada.

Eso viene con una culpa doble, y por eso pesa tanto. Culpa con el que se fue, por haber traído a alguien a ocupar su lugar. Y culpa con el que llegó, por no estarlo queriendo como merece. Las dos al mismo tiempo, y ninguna de las dos se puede decir en voz alta sin quedar como una mala persona.

Lo que corresponde decir acá es bastante simple, aunque cueste creerlo desde adentro: el vínculo anterior no apareció completo el primer día. Se construyó a lo largo de años. De miles de mañanas iguales, de una enfermedad, de una mudanza, de noches en que ese animal estuvo ahí cuando no había nadie más. Comparar un vínculo de diez años con uno de tres semanas es comparar dos cosas que no son comparables. El de diez años tampoco era así a las tres semanas; lo que pasa es que de eso ya nadie se acuerda.

Un vínculo nuevo puede crecer con el tiempo compartido, aunque no se sienta como el anterior. No hay una emoción que debas alcanzar en una fecha concreta. Si te cuesta sostener sus cuidados, busca ayuda para organizar una solución que proteja su bienestar.

Mientras tanto, tratarlo bien alcanza. No hay que sentir para cuidar bien. Darle de comer, sacarlo, llevarlo al veterinario y estar ahí es suficiente por ahora, y no te convierte en un impostor.

Hay otra versión de esto que conviene nombrar aparte, porque suele confundirse con la anterior: adoptar en honor a. Es cuando el nuevo llega justamente por el que se fue, porque él te enseñó a cuidar, o porque quedó una casa con espacio y comida y ganas que ya no tienen a quién ir. Ahí el que llega no viene a reemplazar a nadie: viene porque el otro existió. Mucha gente encuentra en eso una forma de que la muerte no haya sido solamente pérdida, y es una razón legítima para adoptar, siempre que quede claro que el nuevo no tiene que parecerse a nada.

Y falta la opción de la que nadie escribe, así que se escribe acá: elegir no volver a tener nunca más. También está bien.

Las razones suelen ser sensatas y no hay que justificarlas ante nadie. Que no quieres volver a pasar por esto. Que ya no tienes la edad o la salud para hacerte cargo de quince años más. Que económicamente no da. Que no quieres dejar a un animal sin nadie si a ti te pasa algo primero. Que sencillamente ya no. Ninguna de esas es dejar de querer a los animales; varias son exactamente lo contrario, porque toman en cuenta al animal que no llegó.

La gente alrededor va a insistir igual, y suele insistir rápido: «te haría bien», «hay tantos que necesitan casa». Insisten de buena fe, pero también porque verte con otro animal los alivia a ellos, que ya no saben qué decirte. No estás obligado a tener otro para tranquilizar a nadie, ni a discutirlo. «Por ahora no» es una respuesta completa.

Sirve saber, además, que esto no se decide una sola vez. Quien dijo nunca más puede cambiar de opinión en cuatro años sin haberle fallado a nadie, y quien adoptó a las tres semanas no firmó un papel diciendo que estaba listo. Es una decisión que se puede revisar, y revisarla no anula la anterior.

Lo único que no cambia, elijas lo que elijas, es que el lugar del que se fue no queda vacante. Querer a otro después no le quita nada, porque nunca estuvieron compitiendo por el mismo espacio: cada uno se hizo el suyo.

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